Carencias personales

Carencias personales y necesidades personales ¿Son lo mismo?

Las carencias personales son algo que no se posee, independientemente de que se deseen o no. Por otro lado, una necesidad personal es algo que se desea conseguir, aunque no se carezca de ello.

Es fácil confundir estos términos, pero ello tiene implicaciones importantes en costes de esfuerzo y recursos, por ejemplo, para las organizaciones. Por ello, es bueno dedicar un tiempo a reflexionar sobre estas cosas.

Carencias personales percibidas

Cuando decimos que alguien tiene una carencia personal lo hacemos desde nuestro punto de vista subjetivo. Probablemente nuestro juicio no coincide con la apreciación de la persona que se supone que carece de algo. En este sentido, lo que no se percibe no existe.

Por ejemplo, una persona puede carecer de habilidades sociales desde nuestro punto de vista, pero desde el suyo no. Si se comporta de un modo poco efectivo con los demás puede ser, siempre desde su punto de vista, por causa de los otros, pero no por culpa suya. Él obra bien, son los otros los que son complicados.

Una persona puede carecer de sentido del humor desde nuestro punto de vista, pero desde el suyo no, porque puede pensar que lo del sentido del humor es propio de gente poco seria y descentrada.

Nosotros podemos atribuir a los demás un importante catálogo de carencias que ellos puede que no reconozcan. En realidad, todo lo que se aparte de nuestro estándar ideal de persona lo catalogamos como una carencia. También vemos como carencias todo lo que hace que el otro no nos resulte efectivo ni eficaz según nuestros propios intereses y necesidades.

Carencias personales positivas

Estamos acostumbrados a etiquetar como carencia todo aquello que supone una desventaja o un menoscabo de recursos. Decimos que alguien carece de amigos, de trabajo, de dinero, de casa, de inteligencia, y de conceptos similares. Todo esto está claro que son carencias que nadie desearía tener. Pero ¿todas las carencias son indeseadas?

Es un hecho que, según como se mire, mucha gente carece afortunadamente de aspectos desventajosos, como la capacidad de crear mal ambiente, la necesidad de satisfacer necesidades fisiológicas exageradas (comida, substancias, sexo, sueño, etc), la capacidad de explotar bajo presión, o la capacidad de abandonar al necesitado. Las personas que no carecen de estos aspectos negativos pueden obtener ventajas y beneficios que los demás no alcanzarán nunca. Esas carencias son una ventaja en su caso.

De una forma más clara: la falta de escrúpulos (carencia donde las haya) es una ventaja para determinadas personas y actividades que buscan el beneficio propio por encima de cualquier cosa.

Las necesidades personales se viven como carencias, pero no siempre lo son

Al contrario de lo visto con las carencias, una necesidad personal siempre obliga a la persona a movilizar recursos para tratar de lograr cubrirla. Necesidad implica carencia, aunque no se carezca de nada. Piénsese en la ambición infinita por el dinero, que nunca se sacia en muchísimas personas por mucho que tengan.

Piénsese en el afán del coleccionista, que nunca tiene bastante para conseguir una buena colección. Es el caso también de los perfeccionistas, que nunca terminan de satisfacer su carencia de finalización óptima de lo que hacen. Es el caso incluso de los competitivos, que nunca consiguen suficientes medallas en todos los ámbitos de sus vidas.

Por lo tanto, una necesidad supone una carencia desde un punto de vista subjetivo, aunque aquello de lo que se adolece se posea en abundancia.

¿Qué implicaciones tiene esto para las organizaciones?

En primer lugar, hay que tener muy claro que las necesidades de la organización no son las de las personas que la componen. Del mismo modo, las carencias percibidas por la organización en sus miembros no son las mismas que estos se perciben en ellos mismos.

Si esto es así, inversiones en formación o en equipos que tengan como fin suplir carencias no percibidas tendrán poco recorrido. Como mucho servirán para adquirir habilidades sencillas, pero no para cambiar actitudes o para potenciar cambios importantes, que es de lo que se trata en muchas ocasiones.

No podemos, pues, confundir carencias con necesidades en ningún ámbito. Tampoco en el de coaching. Porque si el técnico detecta carencias en ámbitos en los que su cliente no siente la necesidad de cambiar, entonces su trabajo se reducirá al consejo y poco más.

Sucede lo mismo en psicoterapia, donde ante un problema no reconocido nunca se busca solución. Llevar a alguien al psicólogo en contra de su voluntad no es nunca buena idea.

En cualquier ámbito de la vida, enseñar habilidades siempre es positivo, pero las habilidades solo se mejoran y se mantienen en el tiempo con su práctica. Sin la necesidad percibida de cubrir la carencia de habilidades, no se pondrán en práctica y se perderán igual que se adquieren.

Conclusión

Debemos tener muy claras las propiedades de las necesidades personales, solo entonces evitaremos confundirnos en temas sobresimplificados como, por ejemplo, el de la motivación.

En general somos muy aficionados a atribuir motivos y necesidades a los demás. Sobre eso construimos nuestras teorías de la mente de los otros. No está de más reflexionar sobre estos temas, para no equivocarnos y errar con nuestras estrategias interpersonales.

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