Estrategia

Cómo ayudar a alguien con problemas

Para saber cómo ayudar a alguien con problemas siempre debemos comprender muy bien su contexto. También hay que tener muy clara la esencia de lo que es un consejo, así como el papel que jugamos en el problema y otras circunstancias que voy a describir con detenimiento. Al final todo tiene su técnica y su método.

¿Qué son y cómo funcionan los consejos?

Para saber cómo ayudar a alguien con problemas debemos asumir que vamos a influir en él con nuestros comentarios y consejos. Debemos tomar conciencia de que un consejo no es una sugerencia, sino un acto persuasivo con el que queremos influir para cambiar una conducta o actitud.

Cuando alguien está en una situación de indecisión o malestar psicológico necesita una ayuda externa para encontrar una salida a sus problemas. Nuestros consejos son estímulos persuasivos para encontrar soluciones a lo que aparentan ser callejones sin salidas, por lo tanto, aconsejar es en última instancia persuadir.

¿Qué se espera de nosotros realmente?

Seguro que nuestra voluntad a cerca de cómo ayudar a alguien con problemas es noble, pero, ya que estamos comprometidos, cuando alguien nos busca para obtener nuestro apoyo tenemos que detenernos a pensar cuál es la función real que estamos cumpliendo. ¿Somo consejeros? Si, pero probablemente seamos algo más.

Los profesionales del consejo esto lo tienen muy en cuenta y antes de plantearse cómo ayudar a alguien con problemas, se plantean primero qué papel cumplen dentro del problema. Los psicólogos valoran especialmente este punto y en sus valoraciones se preguntan qué quieren realmente sus pacientes de ellos. Entre los motivos más frecuentes que encuentran están los siguientes:

. Buscar ayuda para encontrar la solución a problemas aparentemente irresolubles. (“Me gustaría cambiar, pero es imposible…”)
. Satisfacer a un tercero que le exige que busque la ayuda del experto. (“Yo no quería, pero mi mujer me dijo que viniera…”)
. Obtener la confirmación de sus convicciones para confirmarle en su suposición con el respaldo de la opinión del experto. (“Estoy muy mal, ¿verdad?”)
. Ceder a un técnico la solución de sus problemas sin implicarse, tal y como sucede cuando alguien lleva su coche al taller. (“¿Cuántas sesiones va a necesitar para cambiarme…?”)
. Conseguir sugerencias de cambios sin cambiar nada del estatus actual que crea el problema. (“No estoy dispuesto a renunciar a mi costumbre de…”)
. Afrontar traumas antiguos que consideran la causa de todos sus problemas. (“Problemas antiguos requieren soluciones a largo plazo, no te empeñes en proporcionarme mejorías porque esto va para largo…”)
. Satisfacer sus necesidades de apego o de sumisión. (“¿Dime qué tengo que hacer, solo tú lo sabes…”)
. Agrandar el problema implicando la ayuda de expertos para buscar una solución (…y estoy en manos de psicólogos).
. Delegar en un experto que hace de coartada la necesidad de aplicar cambios dolorosos. (¿El especialista ha dicho que tenemos que hacer x…?)
. Poder tener acceso al rol de enfermo: “Yo lo haría, pero estoy enfermo y no puedo”.
. Obligar a un tercero a entrar en un proceso de consejo. “Quiero que se implique tu padre y que se comprometa a llevarte al psicólogo todos los martes…”
. Por curiosidad y por probar cosas nuevas. (“Nunca he estado en tratamiento… ¿qué tengo que hacer…?)
. Cualquier otra ajena al auténtico interés en solucionar un problema. (“Mientras estoy aquí no me tengo que ocupar de…”)

¿Cuál es tu caso? Es un buen ejercicio intelectual previo saber qué papel estamos jugando en el mundo interior de esa persona con problemas. Probablemente en este punto clarificador termine nuestro papel. Es más, probablemente ayudemos a la persona a tomar conciencia de lo que piensa sin que ella misma lo sepa.

Como aconsejar a alguien con problemas

La clave acerca de cómo ayudar a alguien con problemas

Podemos pasar horas y horas escuchando a alguien lamentarse, pero si no lo hacemos en base a un esquema, nuestro papel será el de hombro sobre el que llorar y poco más. Para saber cómo ayudar a alguien con problemas debemos seguir un método, para ello debemos tener en mente siempre 5 ingredientes elementales:

  • saber, cómo hemos planteado anteriormente, cuál es nuestro papel real.
  • conocer los datos objetivos del problema.
  • conocer cuáles son las metas de la persona, y cómo entenderá que ha tenido éxito.
  • entender el funcionamiento o mecanismo interno del problema, tal y como lo vemos nosotros.
  • deducir el concepto que tiene la persona del funcionamiento o mecanismo interno del problema y de su solución.
Cómo ayudar a alguien con problemas, esquema de pasos a tener en cuenta.

Esos 5 ingredientes siempre, tienen que guiar nuestra intervención. Escuchar no es solo oír. Una buena escucha es agotadora porque supone un proceso muy activo sobre el que vamos construyendo un retrato fiel de la realidad que tenemos presente.

¿Cómo pregunto acerca de estas 5 cuestiones?

Muy fácil, con el diálogo. Conversando. Dialogar es hablar, no puntear impresos ni escribir al dictado de los datos. Por este motivo el esquema tenemos que tenerlo integrado, de forma que podamos hablar, en una conversación que no parezca un interrogatorio y en la que vayamos recabando datos mentalmente, con naturalidad.

Cuando una persona tiene problemas y busca ayuda necesita hablar, sentirse escuchado y explicarse. En ese proceso es fácil que aclare sus ideas y probablemente con nuestro mero papel de interlocutores facilitemos ese proceso y para que la persona encuentre una solución. Puede parecer que nuestro papel es sencillo, pero no es así.

Nuestro diálogo tiene que ser estratégico. Si en el curso de la conversación con nuestro aconsejado podemos obtener datos acerca de su visión del funcionamiento del problema, entonces ahondaremos en ese aspecto. Si nos habla de sus objetivos, seguiremos por ahí, con naturalidad y procurando pasar por los cinco aspectos con el diálogo. Sin secuencias pautadas y sin protocolos. Si se estanca en algún punto, entonces provocaremos cambios de tema para redirigirlo hasta obtener información acerca de los 5 apartados.

¿Cómo obtengo información de cada uno de los 5 aspectos?

¿Qué quiere de nosotros realmente?

Para recabar información referida a qué quiere de nosotros realmente y por qué nos consulta, preguntaremos acerca de:

  • Por qué y de quién fue la idea de venir.
  • Nos informaremos de quién está al tanto de que nos ha consultado para sondear lo que piensan del proceso quienes le rodean.
  • También nos interesaremos de por qué viene ahora precisamente, con ello desentrañaremos la cadena de acontecimientos que le han traído hasta nosotros.

¿Cuál es su objetivo real?

  • Con el fin de recabar información acerca de sus pretensiones y objetivos sondearemos lo siguiente:
  • Qué expectativas tiene del proceso y de nuestros servicios.
  • Nos fijaremos en sus creencias, intuiremos sus prejuicios.
  • Luego le insistiremos en que fije un objetivo con la pregunta típica de “qué te demostraría que el problema se ha solucionado”.
  • Elaborando las implicaciones de su respuesta valoraremos lo realista de sus expectativas.
  • Para saber hasta qué punto se considera un problema le introduciremos sobre el tema referido a qué cambiaría de él mismo si pudiera.

¿Cuáles son los datos más relevantes del problema?

Para recabar información acerca de los datos del problema nos interesaremos por lo obvio, pero sin empezar por ahí necesariamente. Preguntaremos, pues cuestiones puntuales en un diálogo natural. Nos interesaremos por cosas como:

  • La frecuencia del problema.
  • Su historia.
  • Factores que lo agravan.
  • Quienes están implicados.
  • Qué lo desencadena o lo empeora.
  • Qué lo mejora.
  • Qué repercusiones tiene a todos los niveles en la vida de la persona, etc.

¿Cuál es el mecanismo interno del problema?

En el curso del diálogo deduciremos datos que nos informen sobre el mecanismo interno del problema; el cómo funciona. Partimos de la base de que a todo se le puede encontrar una pauta y un mecanismo de funcionamiento. Una vez elaborado ese mapa mental de cómo funcionan las cosas estaremos en situación de influir en ellas para cambiarlas.

  • Veremos el papel de los actores, quién lo considera un problema y quién no.
  • Sondearemos quién hace lo que provoca el problema, para quién y por qué todo eso es un problema.
  • Intuiremos cómo afecta a su familia o trabajo.
  • Deduciremos qué perpetúa el problema, incluso sospechando la existencia de ganancias secundarias que lo favorecen.
  • Volveremos a las reflexiones del principio volviendo al cuadro en el que nos preguntaremos cuál es nuestro papel en todo esto.

¿Qué teoría tiene la persona a cerca del problema?

Por último, entraremos en un aspecto muy importante que también deduciremos sin preguntar por él directamente: las teorías de la persona a cerca del funcionamiento de su problema y a cerca del funcionamiento de la solución. Este segundo matiz es muy importante, porque hay intervenciones psicológicas que se basan en lo que llamamos terapias focalizadas en la solución que son muy efectivas, más que las focalizadas en el problema.

Ahí encontraremos muchas claves para explicar qué pasa en realidad y cómo ve la persona lo que le pasa.

  • Deduciremos cómo explica la causa del problema.
  • Entresacaremos las soluciones intentadas y su resultado.
  • Preguntaremos por qué cree que su solución ha fallado.
  • Deduciremos qué piensa que pasará si todo empeora para imaginarnos el fin de la tragedia previsto.
  • Descubriremos las excepciones en que el problema no se da y cómo las explica.
  • En definitiva, datos todos ellos que nos darán una idea de los mecanismos del problema desde su punto de vista.

¿Qué hacer con toda esta información?

Con toda esa información, obtenida del diálogo tú a tú, generaremos vías de solución dirigiendo la conversación hacia posibles soluciones utilizando el método del diálogo socrático, es decir, preguntas y respuestas dirigidas a un fin, intencionado y de cambio. Es necesario insistir en que la conversación debe ser un diálogo, no un interrogatorio o una lluvia de preguntas unidireccional. (Por algo hablaban los antiguos del arte del diálogo).

Si la relación es buena, aspecto este fundamental, y logramos un diálogo amplio, con el objetivo puesto siempre en el cambio y la solución, no en el consuelo o en la compasión, entonces no hará falta hacer ninguna sugerencia ni “aconsejar”, porque la persona misma encontrará la solución a su problema. Nuestra labor de comadronas será la de llevar a buen término el parto de la solución que, como vendrá de él mismo, será aceptada sin reservas y de inmediato puesta en práctica.

¿Cómo sabré que lo he hecho bien ayudando a esa persona?

No tenemos forma de saber si hemos tenido éxito, nos lo tiene que decir la persona misma. Si considera que ha conseguido su objetivo, entonces es que hemos tenido éxito, ni no es así, hemos fracasado. Aquello de “pues yo te veo mejor” y otros razonamientos autocomplacientes no deberían servirnos. La persona tiene su objetivo y solo ella sabe si se ha conseguido. Es evidente que será labor previa nuestra definir unos objetivos realistas, claro está.

¿Cuándo debo ayudar a alguien con problemas?

Es muy tentador influir en los otros para que cambien como nos conviene. Es el “método directo». Pero solo podemos iniciar un proceso de consejo exitoso si el otro nos lo pide, porque nadie puede ser incluido en un proceso de consejo con éxito en contra de su voluntad. La coacción, la amenaza, el desafío o la orden directa van, más o menos, en la línea de la fuerza bruta. El consejo, como la persuasión, son procedimientos complejos y muy laboriosos que buscan el cambio venciendo resistencias, a veces muy dolorosas.

Por otro lado, antes de plantearnos cómo ayudar a alguien con problemas, debemos mirar a nuestro interior para saber si nuestro carácter nos capacita para entrar en su vida, porque el proceso de consejo exige una proximidad interpersonal intensa que no está al alcance de todo el mundo. Mucha gente evita estos acercamientos como con pudor y reparos hacia la intimidad del otro.

¿Quién puede dar consejos con éxito?

Cualquiera que sea aceptado como alguien significativo susceptible de ayudar y que tenga la oportunidad maniobrar en este sentido. Un buen consejero es el que obtiene resultados. A partir de ahí, cualquier persona de confianza puede ser un buen consejero. Para temas específicos en los que intervienen procesos más psicológicos habrá que derivar a profesionales específicos, así como si se trata de temas técnicos, pero para entrar en estos procesos generales solo es necesario un buen adiestramiento y abandonar roles paternalistas.

¿Cómo ayudar a alguien con problemas emocionales?

El proceso de consejo es exactamente el mismo para todas las circunstancias vitales. Un profesional tendrá en cuenta más cosas, y nunca está de sobra contar con él, pero si no tienes más remedio que intervenir tú, hazlo siguiendo las pautas que te he dado y conseguirás tus objetivos.

¿Existe algún secreto más?

Si. Uno. Muy simple: practicar. Los buenos consejeros se hacen. Si te has planteado cómo ayudar a alguien con problemas de tu proximidad ya tienes la actitud, ahora solo te queda ganar destreza. Puedes ampliar este tema consultando los fundamentos del consejo en este mismo sitio. Ánimo, seguro que este es tu ámbito interpersonal, y si necesitas alguna aclaración, escríbeme.


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Después de toda una vida dedicada a la gerencia y organización de grupos pienso que el ser humano no puede entenderse si no es en relación con los demás. Me alegro de poder compartir contigo mis aprendizajes a cerca del complicado mundo relacional.
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