El lenguaje crea realidades

Cómo el lenguaje crea realidades y cómo aprovecharse de ello

Si alguien nos plantea un problema y nos involucramos en él, entonces aceptamos el problema y confirmamos que existe.

Si atendemos a rumores y dedicamos un esfuerzo manifiesto en desmentirlos, entonces hablamos de ellos y los otros entienden que son reales.

Si dedicamos tiempo y esfuerzo a algo, damos entidad a ese algo y confirmamos la existencia de lo que no queremos que exista, tal y como vimos en el apartado sobre negación y entidad (I 9.4).

Si alguien nos plantea una definición de la interacción que no nos interesa, pero hablamos de ella y la negamos explícitamente, entonces ya hemos aceptado implícitamente la definición.

Si alguien le pregunta a un niño si todavía está enfadado, le recuerda que el papel de víctima que estaba representando ha dado resultado y entonces se vuelve a enfadar, quizá un poco más.

Si sugiero, a modo de hipótesis, que a alguien le puede estar pasando algo (cuando no le pasa nada), le doy entidad a su actitud y construyo en él la realidad de ese algo. («Por qué pones esa cara… ¿es porque no te gusta?«)

Si se habla en redes sociales de una práctica social extrema, aislada, y minoritaria, entonces aparecen los imitadores y termina generalizándose la práctica y existiendo de verdad y a gran escala.

Si te convenzo de que eres un fóbico social, entonces tu introversión natural termina convirtiéndose en un trastorno psiquiátrico “que hay que curar”.

Muchas veces somos nosotros quienes creamos los problemas. Muchas madres provocan la mala actitud de sus hijos o prolongan sus momentos de mal carácter o de supuesta enfermedad. Muchas organizaciones admiten debatir sobre asuntos y problemas que no existen, con lo que les dan entidad y de algún modo acaban existiendo. Todo ello sucede como consecuencia de que el lenguaje crea realidades que aceptamos como verdades con entidad propia.

Por el mismo efecto, decir que alguien rígido e inflexible es en realidad una persona insegura que se refugia en los protocolos, termina por modificar la imagen de ese alguien. De ese modo le doy entidad a un déficit que no existe, pero que termina existiendo en la mente de los otros que asumen mi interpretación.

Hay personas hábiles que, para asegurar su puesto como amigos, consejeros o solucionadores de problemas de cualquier tipo, crean y definen la existencia de un problema que en realidad no existe y, de inmediato, aportan la solución como buenos técnicos competentes que se supone que son. Cualquier líder carismático conoce esta artimaña.

El lenguaje crea realidades: hablar de algo es hacerlo ser.

En definitiva, una vez visto estos pocos ejemplos, tenemos que asumir que nuestro lenguaje no se refiere a la realidad, sino que la crea, hablar de algo es hacerlo ser, por lo tanto, debemos protegernos y descubrir a los creadores de realidades tóxicas, poner al descubierto sus procedimientos y obrar en consecuencia sin dejarnos enredar.

Si el lenguaje crea realidades podemos beneficiarnos de ello

Dado que no se puede negar una entidad una vez existe (I 9.6), en lugar de dar argumentos que nieguen lo innegable, debemos abrir caminos y puertas y crear, a su vez, nuevas realidades incompatibles con la primera, realidades alternativas que nos interesan más y que invalidan la realidad creada que no nos conviene. ¿Suena raro? Pues lo haces todos los días.

Como ejemplo, podemos pensar que ante quien señala un defecto, problema o amenaza que no existe, nosotros podemos argumentar que el defecto está en otro lugar, o proponer un defecto mayor solucionable que lo explique todo, o podemos señalar el defecto en otro, o podemos plantear problemas más amenazadores e importantes en otro ámbito que aplacen este tema. Los medios de comunicación aliados con el poder son maestros en engañarnos de esta forma creando problemas oportunos y su lenguaje crea nuevas realidades de diseño. Es cuestión de creatividad e imaginación.

Las implicaciones de esta premisa son muy importantes en psicología (I 9.3). Solo existe aquello sobre lo que tenemos conocimiento y un concepto para designarlo. Hay conceptos de otras culturas que para nosotros son impensables. Cuando intentamos traducirlos a las categorías de nuestro lenguaje, entonces les damos entidad, pero con un lenguaje occidental que no es el apropiado, con lo que el fenómeno se simplifica y adquiere otro significado totalmente diferente, con implicaciones diferentes y con soluciones radicalmente distintas. Tenemos aquellos problemas a los que los diseñadores de problemas han puesto nombre. Otras culturas no tienen nuestros problemas y nosotros no tenemos los suyos.

Otro ejemplo: los profesionales de la psiquiatría y la psicología se han dedicado durante la segunda mitad del siglo pasado, y todo lo que llevamos de este siglo, a definir y a diseñar problemas de salud mental. Esto es malo y peligroso, pero ese es otro debate en el que no vamos a entrar. A lo que sí vamos a entrar es al hecho de que con la interacción podemos conseguir que las personas integren categorías nuevas y amplíen su campo de soluciones o su campo de problemas.

Contactar con las personas oportunas en los momentos precisos provoca el cambio por el simple hecho de que se incorporan nuevas categorías, con nuevos problemas y soluciones y, por lo tanto, el espacio psicológico se renueva y se puebla de nuevos conceptos para bien o para mal.

Hay personas que interactuando con una persona determinada a la que dan credibilidad se convencen de que tienen un problema de salud o de personalidad. Pueden descubrir problemas donde no los había o pueden, incluso, orientar toda su vida a buscar soluciones a un problema que solo existe para ellos, pero que no existe para un observador externo. Esto, desgraciadamente, es muy frecuente. Por el mismo mecanismo, hay personas que interactuando con la persona idónea incorporan conceptos y estrategias nuevos que cambian la visión de su vida y superan circunstancias históricas sin apenas esfuerzo. Es el mismo proceso, pero con resultados diferentes. Es la esencia de la psicoterapia nociva (efecto nocebo) o de la psicoterapia exitosa.

Lo importante es que atendemos a las realidades que tenemos en mente, nada más, sean éstas buenas o malas y aunque nos ayuden o nos hundan. Por lo tanto, si queremos aprovechar esta circunstancia, debemos asumir explícitamente el hecho de que el lenguaje crea realidades e introducir las entidades y conceptos oportunos en las personas a las que queremos ayudar a salir de sus problemas. Debemos fomentar nuevos puntos de vista y crear nuevos conceptos. Es necesario para ello hacer pedagogía de la forma ideal de afrontar situaciones. Esfuerzos todos ellos que irán en la línea de evitar los callejones sin salida que originan los viejos conceptos. Reestructurar mentes es mucho más fácil de lo que parece, por eso mismo, o al mismo tiempo, debemos tener en cuenta que todos estos procesos se pueden emplear con fines perversos, por lo tanto, aprendamos a protegernos y ayudemos a protegerse a aquellos a quienes de verdad apreciamos.

En definitiva, si estamos en un proceso de ayuda, teniendo en cuenta que es imposible borrar aprendizajes y que lo aprendido ahí queda, tenemos que saber que una persona perfectamente saludable puede ser convencida de que tiene un problema importante. Una vez se le convenza de ello, hará falta introducirle nuevas categorías que le ofrezcan una salida y rompan su callejón sin salida. No podemos negar las entidades que ya tiene en mente, pero podemos crear otras dentro de su sistema de creencias que le ayuden a encontrar una salida. El proceso de ayuda eficaz se basa en esto y es necesario dominar muy bien la naturaleza de la interacción humana para poder producir estos cambios.

Por poner un ejemplo real alternativo pero también del área de la salud, una persona sana que nunca se ha preocupado de su alimentación, por lo demás correcta, toma contacto con otros que le hacen comprender que come muy mal y que debe cambiar hábitos con urgencia. La persona se obsesiona y olvida alimentos que no le perjudican y que le proporcionaban placer, luego se suplementa, se analiza, se pesa, gasta el dinero en consultas de expertos, contrae enfermedades por carencias alimenticias y barbaridades nutricionales que comete. Llegado este punto tiene su mente llena de conceptos y categorías de salud y de fisiología, probablemente erróneos o sacados del contexto científico del que surgieron. En estas circunstancias es ingenuo pensar que esa mente va a volver al punto inicial, cuando no sabía nada de nutrición y lo hacía todo medio bien. En este caso habrá que introducir nuevos conceptos y categorías sobre los ya tiene irremediablemente adquiridos o, de forma alternativa, intentar que el tema de la nutrición se vea sobrepasado por otro que abarque la mayor parte del espacio psicológico, como es iniciar una carrera exigente, cambiar de amigos y aficiones, encontrar una pareja incompatible con sus hábitos, dejar el deporte extremo e introducirse en la música extrema, etc.

Recuerda: el lenguaje crea la realidad solo con referirse a ella, es tu oportunidad beneficiarte de ello.

Si quieres saber más sobre este apasionante tema te recomiendo visitar el apartado sobre negación y entidad en este mismo sitio. Te gustará.


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