La teoría de la dinámica y estrategia interpersonal en síntesis

A continuación se presenta una versión resumida de la teoría. Más abajo se desarrolla una versión más extensa para quienes quieran profundizar y aprovecharla al máximo.

La teoría de la dinámica y estrategia interpersonal se basa en los siguientes supuestos:

  • Somos pura estrategia. Desde el momento en que elegimos el que consideramos que es el mejor modo de actuar nos convertimos en estrategas.
  • Nuestras maniobras estratégicas, mejores o peores, constituyen la unidad elemental de estudio del juego de la interacción humana.
  • Partiendo de estas bases, cualquiera puede actuar en alguna medida para provocar cambios en su entorno y alterar tanto su dinámica como su estrategia interpersonal. En ultima instancia, somos responsables últimos de ello.
  • En el juego estratégico estamos determinados por tres factores más o menos estables y dos factores siempre variables.

Los factores estables, constituyentes de la dinámica interpersonal, son dependientes de nuestra situación, y se materializan en:

Los factores variables, constituyentes de la estrategia interpersonal, son dependientes de nuestra habilidad, y se materializan en:

  • La interacción.
  • La maniobras estratégicas que voluntariamente adoptamos.

Los principios de la dinámica y estrategia interpersonal

Sobre la dinámica:

  • Somos constructores de realidades subjetivas. Nuestras percepciones se basan en teorías y concepciones determinantes de cuanto se va poder ver y observar.
  • Nuestra actividad mental funciona con patrones y guiones preestablecidos que se activan ante situaciones concretas. Esos patrones nos determinan sin que seamos conscientes de ello.
  • No conocemos bien nuestras propias teorías implícitas hasta que chocamos de forma reactiva con las teorías de los demás que nos son contrarias.

Sobre la estrategia:

  • Vivimos en un permanente juego de intereses divergentes en el que nuestras necesidades, tarde o temprano, siempre se solapan con las de los demás y originan fricciones que debemos gestionar.
  • Podemos clasificar a las personas en un continuo que va de un polo donde están aquellos pasivos que esperan a que les pasen cosas, y otro polo donde están los proactivos que hacen que pasen cosas.
  • Por muy complicada que sea cualquier situación, siempre puede hacerse algo para alterarla, y es nuestra responsabilidad hacerlo o no.
  • Nuestro éxito como estrategas depende de nuestra habilidad para encontrar variables sobre las que poder intervenir.

La utilidad de la teoría de la dinámica y la estrategia interpersonal

La teoría está orientada exclusivamente a la práctica, y sirve para entender cómo somos y dónde estamos en el juego relacional y, lo más importante, sirve para encontrar pautas y asideros desde los que cambiar la realidad, para ello descubre variables y elementos manipulables donde aparentemente no los hay. El fin último de todo ello no es otro que el de intervenir en nuestro entorno relacional para provocar cambios que mejoren nuestra posición de poder interpersonal.

 

 

La teoría de la dinámica y la estrategia interpersonal más a fondo

Hemos visto de forma esquemática la teoría y los principios que la fundamentan. Para quienes quieran profundizar en ello a continuación se desarrolla de forma más extensa.

El ser humano es en esencia un constructor de realidades subjetivas. Cualquier persona, desde el momento en que está inmersa en un espacio compartido por sus otros significativos, desarrolla unos lazos de interacción que cada cual vive de una forma particular desde su subjetividad y que constituyen su forma de relacionarse con el mundo.

Dado que en el universo psicológico particular no existen los puntos de apoyo fijos desde los que poder situar una mirada objetiva para determinar cualquier tipo de verdad, nuestras percepciones se basan en teorías y concepciones determinantes de cuanto se va poder ver y observar. Partiendo de esta realidad subjetiva, este sitio presenta un modelo práctico de funcionamiento de la dinámica y la estrategia interpersonal como forma explicativa de situarnos en nuestro mundo social y como método para influir en él.

Entendemos por dinámica interpersonal la exposición descriptiva del modo en que las personas coexisten con las demás y la forma en que ello determina su funcionamiento psicológico y social. La estrategia interpersonal, por otro lado, analiza el estilo en que cualquiera de nosotros pone en marcha acciones y recursos para modificar el entorno en su beneficio. Por tanto, la dinámica nos describe en tanto que personas que conviven con otras y, de forma complementaria, la estrategia expone el modo en que efectuamos movimientos para que en esa convivencia podamos satisfacer nuestras necesidades e incrementar nuestro poder interpersonal.

Para entrar en estos conceptos que nos hacen humanos, presento una teoría a modo de intento humilde de aclarar la estructura oculta de los hilos que determinan nuestro mundo social. Intento con ella descubrir cómo estamos y explicar lo que nos pasa y por qué nos pasa. La teoría pretende ser útil y aplicada. Es una teoría original y no se basa en ningún modelo teórico, aunque se ilustra de cierta influencia del construccionismo social que está presente en algunos de sus planteamientos.

Todo este trabajo está pensado y diseñado para que sirva exclusivamente para la práctica, como guía de pensamiento y como modo de encontrar pautas y asideros desde los que cambiar la realidad. Es una teoría pragmática que busca el cambio y que rastrea variables y elementos manipulables donde aparentemente no los hay. Para lograr su objetivo parte de la premisa de que cuantos más puntos de apoyo localicemos para situar nuestras palancas de cambio, más fácil será mover nuestro mundo interpersonal. En todo el trabajo está siempre presente la idea de que en la dinámica interpersonal siempre caben movimientos y cambios, por mal situados que estemos en el espacio relacional. El único límite a nuestras posibilidades coincide con nuestra falta de creatividad, por ello propone diversas formas de provocar el cambio.

Los artículos presentados pretenden mover a la crítica y hacer aflorar la teoría que cada lector lleva dentro, porque muchas veces no conocemos nuestras propias teorías hasta que chocamos de forma reactiva con las teorías adversas. Es entonces cuando afloran motivos y razones que deducimos de nuestras más íntimas teorías que no sabemos que tenemos, pero que se expresan de forma oculta y nos condicionan nuestra visión del mundo. No pretendo, pues, convencer a nadie de nada, ni colocar la teoría como una verdad última, al contrario, la idea es ofrecer una herramienta útil para el análisis y para ayudarnos a conocer mejor los fundamentos de nuestras teorías ocultas.

Somos pura estrategia. Cualquier movimiento que hacemos en el juego de las relaciones con los demás se hace de un modo y no de otro. Existe por tanto una forma de hacer las cosas que consideramos que es la mejor. Desde el momento en que somos capaces de elegir el modo de proceder y suponemos que es el más apropiado nos convertimos en estrategas. Nuestras estrategias son mejores o peores, pero siempre están ahí y siempre debemos tenerlas en cuenta como unidades elementales de estudio de nuestras relaciones humanas.

Muchas veces se confunde estrategia con manipulación o con una forma de proceder maliciosa e interesada. Es la acepción, llamémosla maquiavélica, del concepto. La idea de estrategia que aquí se maneja es muy diferente y tiene que ver con la forma de proceder y de defender nuestras necesidades y nuestros intereses, de forma natural, en situaciones ordinarias, y ante amigos y enemigos. La actitud estratégica no es necesariamente artera y pérfida. Al contrario. Un proceder estratégico es una forma de actuar orientada a metas con un estilo particular y unos procedimientos concretos.

En todo este sitio siempre ha estado presente la idea principal y determinante de que, por muy complicada que sea la situación, siempre puede hacerse algo para cambiarla. La ceguera a las alternativas es un rasgo común a cualquier persona. Esto es así porque nuestra actividad mental funciona con patrones y guiones preestablecidos que se activan ante situaciones concretas. Pensar y deducir en cada momento qué hay que hacer y cómo hacerlo no sería adaptativo. En cambio, nuestra naturaleza humana nos provee de la capacidad de aplicar protocolos de actuación que no sabemos que tenemos, pero que almacenamos en nuestra mente y determinan nuestra forma de vivir, de ser y de relacionarnos. Esta capacidad de reaccionar de inmediato es económica y muchas veces efectiva, pero otras veces se vuelve en nuestra contra y debemos superarla para esforzarnos en ver más allá y encontrar las salidas que siempre están presentes.

La realidad relacional demuestra que nuestro éxito como estrategas depende de nuestra habilidad para encontrar variables sobre las que intervenir. Ese afán por encontrar los asideros sobre los que apoyarnos para empujar, o agarrarnos para estirar, supone el antídoto contra la visión unidimensional que nos lleva a mirar siempre igual para ver siempre lo mismo en cuanto a nuestra forma de interactuar. Querámoslo o no, vivimos en un permanente juego de intereses divergentes en el que las necesidades se solapan y originan fricciones. Si no somos capaces de verlas venir y adoptamos un rol ingenuo, entonces “nos pasarán cosas”, pero si somos proactivos y aprendemos a mirar a nuestro alrededor, entonces “haremos que pasen cosas”. Entre una actitud y otra hay diferencias críticas frente a la forma de estar en el mundo.

Los providencialistas, que se dejan llevar y esperan que todo suceda y “sea lo que tenga que ser”, no son menos o peores que los proactivos, que actúan e influyen en su entorno para bien o para mal. Pero, mirando hacia atrás, no se me ocurre otro modo peor de actuar que dejar que pasen las cosas. Ni los edificios se levantan solos, ni los obstáculos se evaporan porque sí, ni las circunstancias nos son favorables por desearlo con muchas ganas.

Como convencido antiprovidencialista invito a actuar, a buscar variables, a localizar fallos en las estrategias de los otros, a reestructurar interacciones, a forzar asimetrías, a precipitar rupturas necesarias, a maniobrar con habilidad y con mapas mentales claros y, en definitiva, a jugar de modo activo en el tablero estratégico del tira y afloja de las relaciones humanas. Si lo hacemos bien, entonces podremos mejorar para hacerlo mejor. Si lo hacemos mal, entonces aprenderemos de nuestros errores y podremos lamernos las heridas con la satisfacción de haberlo intentado. Pero, si no lo hacemos de ningún modo, entonces siempre estaremos en deuda con nosotros mismos y viviremos a merced de las necesidades de los demás. ¿Elegimos?

 

La teoría de la dinámica y la estrategia interpersonal en profundidad

Para los que quieran profundizar todavía más, pueden consultar todos los artículos derivados de la misma a partir de las pestañas del menú principal y los artículos en los que se elaboran sus implicaciones. Los párrafos van numerados con objeto de poder referenciarlos mejor entre artículos, y para poder numerar las ideas principales en los cuadros resumen. La teoría es densa, pero muy útil, y está presentada de forma muy sintética y sin adornos literarios. Esta circunstancia hace que pueda resultar árida en ocasiones, pero gracias a la tecnología puedes contactar directamente con el autor.

Si tus intereses te llevan a profundizar todavía más, puedes contactar directamente conmigo.

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