Interacción humana. Patrones y formatos.

I 1.1 Las relaciones se basan en unos patrones que las dos partes siguen de un modo tácitamente consensuado. Estos protocolos son respetados por las partes de forma implícita y sin que haya mediado en ningún momento ningún tipo de acuerdo sobre las bases en las que se asientan. Las reglas que mantienen estos patrones son muy estrictas y tienen multitud de parámetros tales como cuáles son los límites a los que se puede llegar en la interacción, qué temas tabú cabe eludir, cuáles son los tiempos normales de los que disfrutará cada uno, cuál es la oportunidad para interaccionar y qué momentos y situaciones admiten qué tipo de interacción, qué términos son admitidos y cuáles no, etc. La lista sería compleja y recogería multitud de pautas de interacción hasta un nivel y un punto en que nos sorprenderíamos todos de lo encorsetado y lo prefijado que está el modo y las formas en la interacción, por informal e improvisada que sea.

A este respecto cabe apuntar que cada registro y cada situación tienen sus patrones, algunos más rígidos que otros, pero ninguna situación escapa a ellos. Es más, a veces, las situaciones más informales aparentemente son las más rígidas, como sucede en determinados grupos de adolescentes en los que la interacción está especialmente sujeta a la tiranía de fórmulas y modos imposibles de quebrantar y bajo la apariencia de informalidad.

Precisamente, las personas especialmente habilidosas para conectar rápido con los patrones presupuestos por el otro y sus límites son los que consideramos empáticos. La empatía supone un complejo conjunto de habilidades al alcance de unos pocos que parte, entre otras cosas, de un escrupuloso seguimiento de los códigos y las reglas del juego vigentes en cada situación interpersonal.

I 1.2 Cualquier interacción se apoya en un sistema de retroalimentación, que funciona con hipótesis, y que no puede informar sobre sí mismo. Cualquier interacción dispone de unos mecanismos que informan y orientan a las partes sobre lo bien o lo mal que va el encuentro. Las partes agudizan su atención sobre determinados aspectos que les guían en este sentido, pero de una forma subjetiva, y siempre a modo de hipótesis. Nadie tiene un sistema objetivo para determinar lo bien o mal que lo está haciendo él o el otro, tan solo cabe formular hipótesis en este sentido, hipótesis que no se pueden comprobar y que se afinan con la experiencia. El sistema informa por un lado sobre el estado de la conversación y por otro lado sobre el estado de la interacción, dos aspectos parecidos, pero no sinónimos. En cualquier caso, y esto es lo más importante de todo, no existe forma alguna de comprobar la fiabilidad del sistema de retroalimentación. Todos nos dotamos de un sistema que nos informa sobre el estado de nuestro vínculo con el otro, pero no podemos contrastar nunca el estado de nuestro sistema de información. Por lo tanto, debemos asumir con humildad nuestra naturaleza subjetiva y fiarnos de nosotros mismos y de nuestras herramientas sabiendo que son falibles y que no hay modo de calibrarlas. Alguien utilizará el concepto de intuición a la hora de calificar su maestría a la hora de fabricar hipótesis acertadas, desde aquí no se empleará nunca este término por considerarlo vacío y carente de entidad.

I 1.3 Entre las pautas más interesantes de la interacción encontramos unas que son especialmente repetitivas y previsibles: son las que se producen en los momentos de tensión. En estos momentos se dan fases de subida y bajada con unos códigos especiales para manifestar malestar evitando estratégicamente la comunicación. Resulta muy interesante el estudio de estos episodios en los que las partes se esfuerzan en un tipo de comunicación complicada en la que la relación y su estado dan sentido y transforman el significado de cualquier mensaje emitido. En esos momentos, un observador ajeno entenderá muy poco de la interacción que percibe entre las partes, y formulará hipótesis equivocadas acerca de lo que pasa si no conoce el contexto.

Muchas veces nos vemos obligados a iniciar interacciones en estos contextos, como pasa con los primeros días de trabajo en una nueva empresa, y damos continuos pasos en falso al quebrantar todo tipo de tabúes desde la más pura ingenuidad. No se puede entender una interacción si no se contrasta con su compleja y completa realidad. Volveremos a ello cuando propongamos el cuadro del análisis de la interacción.

I 1.4 Dado que ninguna interacción está libre de patrones y formatos, y dado que estos se crean en el contexto de la misma interacción, sin la cual ni existen ni tienen sentido, siempre que dos personas interactúan por primera vez disponen de formatos estándar a los que se ajustan de forma provisional hasta que se calibra al otro. Estos formatos abarcan fórmulas para iniciar, concluir, cambiar de tema, introducir contenidos formales, etc. Una vez conocidos los límites y establecido el protocolo particular de cada interacción, entonces se pueden abandonar las fórmulas estándar para adoptar un sentido único y particular que se reutilizará en cada encuentro con muy pocas variaciones.

En esa fase de calibración y sondeo inicial de los límites del otro, las partes disponen de una posibilidad única muy valiosa para definir y crear el tipo de intercambio que desean para el futuro y que les permitirá lograr con mayor facilidad satisfacer sus necesidades. Lo que se haga en este momento es determinante. Este es el momento de marcar límites, exhibir recursos y traspasar líneas de interacción que después costará más franquear.

I 1.5 Todas las interacciones se basan en una pauta predeterminada en la que se da una clara alternancia entre acción y reacción. Esta alternancia se da en tiempo real y se basa en un feedback continuo que las partes obtienen de la observación de los mensajes del otro. Si tuviésemos que grafiar la secuencia de interacciones entre las partes, deberíamos contemplar el factor alternancia y el ritmo de las interacciones. Aunque no podemos olvidar que la causalidad lineal es una ilusión en la interacción humana, por lo que las causas siempre son circulares y retroalimentadas, a la hora de observar la interacción, no podemos dejar de tener en mente una especie de partida de tenis en la que las partes mandan mensajes que la otra parte devuelve en una alternancia con final indefinido. Para poder trabajar podemos utilizar los dos modelos de forma conjunta, el lineal y el circular, teniendo en cuenta que no son más que modelos y que lo que ilustra un modelo lo complementa el otro.

I 1.6 Los patrones son predecibles por los interactuantes. Esta cualidad es fundamental, dado que si las partes no predicen los movimientos del otro y no entienden qué está haciendo, entonces la comunicación se vuelve inestable y deja de transmitir información clara y útil. Una vez hecha la predicción de qué está pasando es el momento de emplear estrategias y fórmulas que en el pasado dieron resultado. Al final, ambas partes van a resultar muy predecibles en cuanto a las formas y ello facilita el camino para centrarse en el fondo que siempre es más interesante. Precisamente, una de las características más importantes de los patrones es que sean fácilmente reconocibles y predecibles por las dos partes, ya que lo contrario dificultaría la interacción y eso es algo que nunca conviene, a no ser que se pretenda de forma deliberada por una o las dos partes como estrategia. En esto, como en todo, hay personas que son mucho más hábiles que otras.

I 1.7 Por muy bien asentados que estén los patrones y por mucho que las partes los acepten, respeten y dominen, la entrada en escena de terceros altera los formatos. Por lo tanto, al incluir una parte más en la interacción, se adoptan formas nuevas y patrones que difieren de los anteriores para ser efectivos en la nueva interacción. Este efecto no es sumativo, es decir, que no se cambian los patrones cada vez que alguien entra en escena de una forma continua y sin fin. El aspecto cuantitativo no tiene tanta importancia como el cualitativo y, por lo tanto, va a ser la cualidad del otro la que lo hace significativo y la que marca la necesidad de cambiar para adaptarse a él o, por el contrario, si no es tan importante como para ser tenido en cuenta, no merecerá el esfuerzo de la acomodación y las partes lo ignorarán por considerarlo no significativo. En ese intervalo que va desde la irrelevancia hasta la transformación total hay una serie de grados en los que la interacción se adapta automáticamente a la realidad de quienes la integran.

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