Tipos de necesidades personales

N 4.1 Una vez especificado el concepto de necesidad junto con sus implicaciones es el momento de intentar una clasificación que resulte útil y que separe los distintos conceptos de necesidad en grupos diferenciados por características claramente reconocibles. No queremos caer en las típicas trampas de confundir las metáforas con la realidad, por lo tanto, es muy importante remarcar que la clasificación que aquí se propone es precisamente eso, una propuesta, una forma de entender el difícil concepto de necesidad de un modo útil de cara a la intervención. Por lo tanto, los cuatro tipos de necesidades que aquí se proponen no aspiran a reflejar ninguna realidad tangible del mundo relacional. Son simplemente un ejercicio intelectual a modo de modelo.

N 4.1.1 Por un lado proponemos el concepto de lo que denominamos necesidades referentes y que son el punto máximo de vulnerabilidad que se produce ante una carencia primordial para la persona. Una necesidad referente constituye, pues, el sentido último en que se vive la existencia y que da forma al modo en que se percibe el entorno y se actúa. En las necesidades referentes encontramos el origen último de nuestras inquietudes y de aquello que explica en definitiva el porqué del sentido de nuestra forma de vivir y de pensar. Las dos necesidades referentes más comunes y repetidas en la mayoría de las personas son: la necesidad de control o de que todo esté en orden, y la necesidad de ser valorado o apreciado. El concepto de necesidades referentes es muy importante y central en la naturaleza del ser humano y de él se desprenden unas implicaciones muy especiales.

N 4.1.1.1 Por un lado podemos afirmar que en cualquier persona coexisten varias necesidades referentes que constituyen la razón última de su actividad psicológica. Estas necesidades pueden combinarse y reforzarse en la misma persona, y siempre es normal que una de ellas predomine claramente sobre las otras.

N 4.1.1.2 Por otro lado, una de las características más importantes de las necesidades de referencia es que por su naturaleza nunca se pueden saciar. Pueden atenuarse o pueden transformarse, pero nunca desaparecen o se eliminan con la consecución del objeto. Funcionan en este sentido como una máquina con movimiento continuo que nunca se detiene.

Los 4 tipos de necesidades personales

N 4.1.1.3 Podemos hacer una distinción entre dos tipos básicos de necesidades referentes: las sociales, que están centradas en los otros y que básicamente persiguen controlar la creación de valoraciones y de opiniones que nos sean favorables en los demás (ser apreciados, ser tomados por lo que queremos, ser reconocidos como fuentes de poder, etc.) y las no sociales, que se centran en otros objetivos que tienen que ver con el individuo mismo (crear, expresarse, descubrir, inventar, etc.). En el caso de las valoraciones sociales es muy importante para el individuo percibir que los demás lo perciben como él quiere, y ello le empuja a enredarse en complejos juegos de interacción y a racionalizar comportamientos propios y ajenos para adecuarlos a la idea que tiene de lo que necesita. Las personas en este sentido son muy vulnerables a las sensaciones que perciben de los demás, lo que abre puertas a la intervención por parte de manipuladores hábiles en el manejo de la emisión de los mensajes oportunos.

N 4.1.2 Por otro lado concebimos en la clasificación un segundo grupo de necesidades que denominamos estratégicas y que son las que orientan y dirigen las acciones y movimientos concretos que van a servir para satisfacer una necesidad referente. Responden a la pregunta de qué se pretende, de cuál es el plan. Una necesidad estratégica es, por ejemplo, la que supone conseguir dar una imagen, solucionar un problema concreto, combatir a una oposición, validar las propias ideas, justificarse ante otros y cualquier movimiento concreto que suponga la elaboración de un plan más o menos explícito, o más o menos intuitivo.

N 4.1.3 En nuestro modelo existe un tipo de necesidades muy fácil de entender y que denominamos necesidades puntuales. Estas necesidades hacen referencia a carencias específicas del contexto que originan la puesta en marcha de planes y acciones concretas con el fin de cubrirlas. Por ejemplo: necesito un fontanero, quiero un viaje, necesito una moto de gran cilindrada, quiero un programa escrito para tener algo que enseñar si me preguntan qué hago, quiero un experimento para comprobar determinado tipo de hipótesis, etc. Las necesidades puntuales son las que van a dar lugar a las estratégicas.

Tipos de necesidades personales

N 4.1.4 Por último es muy importante tener en cuenta lo que hemos denominado como necesidades operativas y que son un tipo muy especial de necesidades, son los fantasmas de las necesidades, las variables ocultas e invisibles que condicionan la experiencia y la matizan o la modifican. Una necesidad operativa marca caminos y prohíbe opciones además de prescribir vías de actuación sin que el propio individuo se percate de ello. Estas necesidades han sido reveladas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX por los trabajos de los psicólogos sociales especializados en temas de influencia y manipulación. Siempre están presentes en mayor o menor grado. Las necesidades de referencia son el motor de la conducta y las necesidades operativas son las que modulan y limitan los movimientos.

. Quizá la primera de todas las necesidades operativas por su influencia trascendental es la necesidad de libertad. No se entiende la libertad aquí como un concepto filosófico de libre albedrío. La necesidad de libertad supone que necesitamos tener la sensación absoluta y plena de que nuestras decisiones y actos dependen de nuestra voluntad y nuestra propia decisión. Puede que nos reconozcamos influenciados y atraídos hacia las ideas y necesidades de otro, eso no importa, lo verdaderamente importante es que, independientemente de que reconozcamos estas influencias, nuestras decisiones sobre qué ideas tener y qué caminos hay que seguir, deben ser nuestras. En el momento en que nos sintamos coaccionados y obligados, reaccionaremos en contra.

. Un tipo muy influyente de necesidad operativa es la necesidad de coherencia, que supone que una vez que hemos tomado una decisión libremente nos sentimos obligados a mantenerla y a ajustar nuestra actividad y nuestra imagen a ella para ser consecuentes. Ello nos obliga a racionalizar nuestra adhesión a posteriori, es decir, que primero tomamos la decisión y después la justificamos y nos justificamos pensando y obrando en relación a ella. Primero decidimos comprar el deportivo rojo y luego racionalizamos y justificamos la falta que nos hace. Si la postura se manifiesta de una forma abierta y en público, todavía nos obliga más, y mucho más si requiere un esfuerzo determinado. Es el caso de los métodos para dejar de fumar que exigen que la persona anuncie a todo el mundo su intención con objeto de atarse a su decisión. La coherencia es doble, pues nos exige un compromiso claro con la imagen que estamos dando y, al mismo tiempo, nos exige la convicción y la coherencia misma con nuestras ideas que debemos modificar y adaptar a la decisión anterior. Es sabido además que si el compromiso se realiza por escrito y, más aún redactado por el puño y letra de la persona, entonces todavía necesitará adherirse más a él. Esta necesidad tiene una importancia capital para el control de la conducta, puesto que solo surge si las decisiones se han tomado con plena sensación de libertad y de forma genuina, sin imposiciones. Por lo tanto, ni los incentivos, ni los castigos tendrán el poder de mantener un cambio de conducta a largo plazo, debido a que la persona no sentirá la necesidad de mantenerlos al sentirlos impuestos. Es un hecho ampliamente contrastado por la vía experimental y un argumento devastador para quien quiera educar con castigos o con recompensas, y ataca frontalmente al acto de motivar tal y como se entiende normalmente.

Listado de las necesidades personales operativas

. Otra necesidad operativa que dificulta la libertad de acción es la necesidad de empatía que aquí se entiende como una obligación que va más allá de entender la subjetividad y el punto de vista del otro. Una necesidad de empatía es la que nos obliga a conectar con el otro para darle una imagen cordial y agradable a toda costa, es una forma autoimpuesta de socializarnos impidiendo en todo lo posible el ofender, el disgustar, el molestar o cualquier acto o hecho comunicativo que no agrade al otro. Muchas personas no sienten en absoluto este tipo de necesidad, desgraciadamente para la humanidad, pero otros viven presos de ella hasta el extremo de no saber decir no y de evitar cualquier circunstancia que pueda llevar al disgusto con el otro o al conflicto. Es lo que se conoce como ausencia de asertividad. La necesidad de empatía puede ser un don, pero también una importante tara en determinados contextos. En cualquier caso, actúa como un auténtico filtro y como una eficaz censura de cara a la interacción.

. Algo muy relacionado con lo anterior es la necesidad protocolaria, que es un tipo de obligación social que define de una forma muy eficaz y no escrita cuales son las formas estándar de la interacción. Por ejemplo, decide cuál es el tiempo normal de interacción, cuándo se debe hacer una visita, cuándo no se debe visitar a alguien, cuánto debe durar una conversación, qué temas son obligados y cuáles prohibidos, qué hechos se espera de nosotros, cuáles estarían censurados o llevarían a malas interpretaciones, etc. Las necesidades protocolarias obligan y censuran de una forma muy eficaz. No tenerlas en cuenta conlleva una tremenda sanción social y muy probablemente al ridículo.

. Otro tipo de necesidades operativas son las necesidades de atajo en los procesos de toma de decisiones y de cognición. El cerebro está estructurado como una perfecta máquina para fabricar y reconocer patrones. Si no fuese de este modo todo tendríamos que pensarlo y deducirlo una y otra vez y nos atascaríamos en una racionalidad irracional. Para ello seguimos unos patrones muy eficaces para acortar los procesos y por ello necesitamos atajos en la operativa diaria. Estos atajos nos ayudan normalmente, pero también nos hacen caer en trampas y abren las puertas a la manipulación más cotidiana e invisible. Entre estos atajos, sobradamente conocidos por la psicología social están los siguientes.

. La simpatía: abreviamos nuestras valoraciones y nos fiamos de las personas que nos son gratas. Para que alguien nos resulte grato puede suceder que lo encontremos atractivo, semejante a nosotros en algún rasgo o creencia, o que nos elogie. Las situaciones de ansiedad y tensión pueden hacer también que determinadas fuentes de ayuda nos parezcan simpáticas y que nos aferremos a ellas sin valorarlas. En las situaciones informales o extraoficiales después de interactuar con desconocidos inaccesibles normalmente solemos encontrarlos más simpáticos. La simpatía es la responsable de que separemos de una forma irracional entre los míos, que son como yo, y el enemigo, que son “los otros”, en los ámbitos deportivos, políticos, laborales, etc.

. La sanción social: por la cual sentimos la necesidad de dar por bueno lo que opina la mayoría o los demás sin valorarlo demasiado. Cuanto más numeroso es el grupo que considera algo como bueno o malo, entonces más nos fiamos de él, sobre todo en situaciones de incertidumbre o de inseguridad. Si el grupo se parece a mí, entonces la reacción será más firme. Este atajo suele ser muy positivo, pero también negativo porque la mayoría no tiene por qué tener siempre la razón y, por lo tanto, a veces conviene pensar las cosas detenidamente y no fiarse de las mayorías uniformes.

. La autoridad: tendemos a fiarnos de la opinión de quien consideramos experto. Muchas veces recurrimos a la opinión de profesionales expertos sin distinguir qué es conocimiento técnico de estas personas y qué es preferencia personal. En política, en psicología, en economía y en tantos ámbitos del saber hay escuelas y no todos los expertos opinan igual, es necesario tenerlo en cuenta. En el caso del seno de las estructuras jerárquicas este tema no llega a veces ni a plantearse: se hace lo que dice el jefe y punto. Esta circunstancia, favorecida por el carácter de determinados jefes y por las características de la cultura organizacional, priva a los superiores de la posibilidad de contar con correcciones muy oportunas que pueden evitar grandes desastres. ¿Quién se atreverá a contradecir al médico jefe de planta? ¿O al inspector? ¿O al capitán?

Mindmap de los tipos de necesidades personales

. Otra necesidad operativa importante es la necesidad de causalidad. En el día a día necesitamos entender las causas de todo para poder sentirnos tranquilos y entender los fenómenos que tenemos delante para tenerlos en cuenta o para olvidarlos tranquilamente. Necesitamos tener siempre una explicación que nos damos nosotros sin demasiadas garantías y que creemos ciegamente sin necesidad de pruebas. Esa necesidad de causalidad nos obliga a deformar la realidad y a adornarla con mitologías de ir por casa al tiempo que nos impide llegar a explicaciones racionales ajustadas a los hechos.  Necesitamos una causa sobreexplicativa y una vez la tenemos elaboramos nuestras teorías deformadas por nuestra subjetividad.

. Una necesidad operativa muy importante es la de reciprocidad, que es la que nos obliga a corresponder a los demás ante cualquier acto o favor que se nos haga, aunque no lo hayamos solicitado. La correspondencia siempre debe ser similar o proporcionada al favor recibido. De no ser así seremos etiquetados como raros, como es el caso de quien devuelve más de lo que recibió, de quien rechaza favores, de quien se salta los protocolos forzosos de reconocimiento y regalos a familiares y conocidos, etc. En cualquier caso, los transgresores de esta necesidad son muy mal vistos socialmente. Muchas personas saben captar la trampa a tiempo y cuando son gratificados con un favor no pedido se sienten incómodos porque saben que están en deuda. Esta necesidad es la base del fundamento de fenómenos como las muestras gratuitas, los sobornos con regalos, las inauguraciones de precampaña de los políticos, etc. . Por último, podemos proponer una necesidad operativa muy importante y limitadora de caminos y que llamaremos la necesidad de principios. Se trata de la obligación autoimpuesta de dar determinada imagen, de seguir un código de honor, de temor a parecer incoherente o variable, de mantener unos principios determinados más o menos rígidos, etc. En toda conducta de cualquier persona siempre hay límites autoimpuestos. Hasta los psicópatas más peligrosos tienen líneas de conducta que no trasgreden. Los elementos más disruptivos mantienen un espacio bien acotado de trasgresión con unos límites más o menos claros a partir de los cuales siguen las normas. Esos límites son propios y limitan los grados de libertad.

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