Relaciones personales

Factores que deterioran las relaciones personales

Las relaciones personales están sujetas al cambio permanente de las personas que las establecen. En este artículo se analizan los factores que pueden deteriorarlas con el fin de poder protegerlas. Es posible también que nos interese todo lo contrario y que trabajemos por la ruptura de la relación por diversos motivos, seguramente bien justificados. En este sentido, el artículo también servirá de ayuda.

Todo el contenido de este artículo puede emplearse claramente con los dos fines. Un destornillador sirve para apretar los tornillos… pero también sirve para aflojarlos o, directamente, quitarlos. Te invito a detenerte, pues en este destornillador de relaciones personales y a aprovecharlo al máximo.

¿Para qué sirve todo esto?

Nuestra naturaleza es absolutamente relacional. Sin los otros no somos nada ni somos nadie, por lo tanto, es importante saber desenvolverse bien en nuestra red de relaciones. Ello supone que muchas veces estaremos interesados en fortalecer alianzas y relaciones personales concretas. Otras veces obraremos con el fin de desprendernos de molestas relaciones que nos dificultan llevar a cabo nuestros proyectos vitales.

Siendo esto así, este artículo sirve para tomar conciencia de los factores sobre los que vamos a poder intervenir. De forma intuitiva ya sabemos qué favorece o dificulta determinada relación, pero un estudio sistemático y profundo puede ofrecernos ideas y caminos con los que no habíamos contado.

¿Cuáles son esas variables que afectan a las relaciones personales?

Cuando pensamos en una relación nos vienen a la imaginación una o dos cosas a modo de factores capaces de mejorarla o de empeorarla. En realidad, las variables capaces de complicar la salud de una relación son mucho más numerosas. En cualquier caso, lo importante es saber detectar todos esos elementos influyentes con el fin de poder contrarrestarlos o potenciarlos a nuestro antojo.

Factores que favorecen la ruptura de las relaciones personales

Podemos establecer tres grandes grupos de variables que afectan a las relaciones personales: las cualitativas, cuantitativas y lo que hemos denominado como otras.

Factores cualitativos

Dentro de este grupo hemos referenciado como los más frecuentes los siguientes:

Las influencias externas.

Es evidente que una relación no se da en el vacío. En realidad, nuestro universo relacional se extiende en forma de red. Las redes se intercomunican e interaccionan a todos los niveles. Las relaciones en exclusiva solo existen en la imaginación de los celosos y los dominantes, pero no en la realidad.

Con cada contacto que establecemos aprendemos cosas nuevas, cada día, a cada momento. Del mismo modo, muchos pequeños cambios nos llevan a una transformación personal permanente.

 Cuando los cambios se acumulan a nivel racional acaban provocando una transformación a largo plazo. De modo mucho más rápido, cuando los cambios se producen a nivel emocional, la transformación es inmediata y la mayoría de las veces irreversible.

De ello se desprende que cuanto más extensa y abierta sea la red de relaciones, más favorable será el cambio.

Un ejemplo muy recurrente es el de las parejas celosas que reducen el contacto social del otro, con lo que si estás en esta situación deberás espabilar y abrirte al mundo.

Otro ejemplo positivo es el de organizaciones cerradas que cambian con la incorporación de nuevos miembros. También es ejemplo del enorme impacto que puede tener un tercero en las dinámicas de poder entre dos personas u organizaciones (nuevos socios, nuevos equipos, nuevos procedimientos, nuevos horizontes de necesidades, nuevos deseos suscitados…)

Crecimiento

Las personas somos en cada momento dado de una determinada forma y tenemos unas necesidades. En otro momento y con otras vivencias tenemos otras necesidades diferentes. Es verdad que los cambios no son grandes, salvo si incluimos el factor tiempo.

No solo crecemos acumulando conocimiento, sino que también lo hacemos cambiando actitudes y preferencias. Por lo tanto, es fácil que una relación se transforme para bien o para mal cuando las partes acumulan experiencias diversas que llevan a nuevas necesidades.

Está claro que las necesidades que tenemos a los 18 años no son las mismas que tenemos a los 60, por poner un ejemplo extremo. Por lo tanto, la forma en que nos vamos “edificando” nos transforma y puede cambiar de forma natural el sentido de las relaciones personales.

Sucede con parejas cuyos miembros se separan una temporada por cuestiones de trabajo y al regreso todo es más complicado, porque las vivencias del que se fue en cierto modo lo cambiaron.

Decadencia

No todo en el ser humano es crecimiento, también convivimos con la involución en múltiples aspectos.

La decadencia hace que nos transformemos cualitativamente y que probablemente nos haga menos interesantes para determinada relación.

La decadencia se puede fomentar o se puede paliar con nuevas experiencias, nuevas metas, incorporando nuevos miembros al grupo, en definitiva, incentivando la relación y simplificando sus costes en cualquier sentido.

Se da esta circunstancia cuando una persona se abandona, cuando una sociedad cambia de estilo de gestión, o cuando un socio se encuentra con problemas personales que le afectan a nivel resolutivo. No es una situación infrecuente.

Ante estos casos se debe valorar si vale la pena mantener la relación, aun a riesgo de vernos arrastrados. Si nos contestamos que sí a esta pregunta, puede que en realidad estemos satisfaciendo una necesidad personal de terapeutas frustrados, o de mecánicos de la vida heroicos. Si es así, está bien, pero debemos tener claro que estamos satisfaciendo NUESTRA necesidad, y que no lo hacemos por altruismo ni por puras cuestiones de amor o bondad al prójimo.

Recursos personales

Los recursos personales, a diferencia de los materiales, suponen una transformación siempre cualitativa de la persona. Si poseemos muchas casas nos transformamos cuantitativamente en poderosos en patrimonio. Al contrario, si incrementamos nuestros conocimientos nos transformamos cualitativamente en otra persona más hábil y con más opciones.

Para comprender mejor esta idea es necesario asimilar bien las dimensiones de los recursos personales.

Factores cuantitativos

Estos factores suponen la acumulación mensurable y objetivable de alianzas y recursos materiales.

Alianzas

Las alianzas cambian a las personas porque las capacitan o las incapacitan en su libre determinación. Las alianzas muchas veces suponen caminos con difícil vuelta atrás, en tanto que obligan a posicionarse y a transformarse de alguna manera para adaptarse a sus aliados.

La alianza es un tipo de relación que siempre es más ventajosa para el más fuerte. Cuantas más alianzas se establezcan, más campos de acción se establecen y se dispone de menos autonomía, porque el aliado exige condiciones.

En el terreno de lo personal, cuantos más grupos se frecuente, más influencia se tendrá y más compromisos se adquirirán. Ello redundará en detrimento de relaciones simples que estarán sobrepasadas por las exigencias de las alianzas. Si yo tengo muchos grupos de amigas, igual no tengo demasiado tiempo para mi pareja. Si me debo a varios grupos sociales, mi opinión y mi comportamiento se deberá adaptar a esos grupos que puede que en algunos aspectos sean incompatibles.

Las personas muy sociables están sometidas a mucha influencia por parte de todos los grupos que frecuentan.

Recursos materiales

Los recursos materiales cambian las posibilidades de las personas, para bien o para mal. Una pérdida grande de recursos materiales cambia la situación social de cualquier persona. Al contrario, una fuerte incorporación cuantitativa de recursos mejora siempre las posibilidades de cualquiera.

En teoría, en cuanto a recursos materiales, todos estamos de acuerdo que cuanto más tengamos siempre es mejor. Eso es así en principio. A la larga puede que no sea así, pero cuando esto sucede es porque han entrado en juego aspectos personales que han arruinado la potencialidad de los recursos materiales.

De todos modos, es evidente que una fuerte ganancia o pérdida de recursos materiales transforman a las personas y con ellas a sus relaciones.

Otros factores

En este apartado indefinido se incluyen dos factores muy comunes: la saturación y los cambios en el entorno.

La saturación

Por saturación entendemos el punto en que el entorno deja de suponer un estímulo para pasar a ser una carga rutinaria.

La saturación es casi inevitable en determinados puestos de trabajo mal diseñados y mal organizados de los que es complicado subsistir indemne sin llegar a la despersonalización y la desimplicación.

En las relaciones personales, la saturación se puede prevenir, por ejemplo, incrementando los aspectos positivos de la relación por las dos partes.

En el terreno de lo personal, hay relaciones extremadamente aburridas que se mantienen por inercia y por costumbre. Muchas veces la saturación se sustenta en la falta de las influencias cuantitativas y cualitativas expuestas arriba. También se mantiene la relación saturada en personas con unos principios conservadores de abnegación y de sometimiento a una realidad a la que no se sabe ver alternativa.

Los cambios en el entorno

Los entornos son cambiantes. Algunos contextos son más cambiantes que otros. Hay sociedades muy cerradas en las que el cambio es casi imposible. Por el contrario, en el estilo de vida de las ciudades modernas los cambios son la norma. Se cambia de amigos, de trabajo, de casa, de pertenencias materiales, de barrio… de todo.

Un cambio del entorno puede hacer inútil y costosa una alianza. También puede hacer obsoleta una relación que ya no ofrece un producto necesario y exclusivo porque hay alternativas mejores.

El entorno puede ser favorable o desfavorable para las relaciones establecidas, por lo tanto, si favorecemos un cambio de entorno alteraremos seguro el estado de la relación, siempre según nuestras necesidades (para bien o para mal).

Podemos cambiar de entorno para evitar influencias o para incorporar nuevos estímulos. En cualquier caso, el cambio de entorno puede sorprendernos, porque cambia nuestro medio, o podemos provocarlo nosotros, emigrando hacia entornos mejores.

¿Cómo empleo esto en mis relaciones personales?

Una mente intuitiva no necesita nada de lo leído hasta ahora. Ese estilo de pensar se conforma con el primer análisis o idea que le viene a la mente y se acomoda a sí mismo. El resultado suele ser un pensamiento circular, siempre desde las mismas premisas y hacia los mismos resultados.

Al contrario, una mente analítica busca infatigablemente nuevos asideros desde los que asimilar la realidad. Si este es tu caso, entonces repasa el artículo y dale las vueltas que haga falta hasta tomar conciencia de dos cosas:

En qué punto estás, lo que vendría a ser tu diagnóstico de lo que motiva tu situación.

Qué factores puedes potenciar con objeto de romper o reforzar esa relación que te preocupa.

Si estás en una situación insoportable y necesitas cambiar, utiliza estas ideas para elaborar tu plan. No dejes que tu vida se tiña de gris permanente simplemente por no hacer nada.

Al final somos pura estrategia. Nunca hacemos nada por que sí. Todo obedece a un plan más o menos rudimentario y más o menos implícito. Por lo tanto, es bueno tomar conciencia de qué nos pasa, por qué nos pasa y cuáles son los puntos de cambio sobre los que situar nuestras palancas.

 Realmente, es responsabilidad nuestra el trabajar por escapar de los callejones sin salida que suponen algunas relaciones. De igual modo, es nuestra responsabilidad trabajar por proteger aquello que más nos interesa conservar de nuestra vida relacional.

Sea cual sea tu caso te animo a intentarlo y espero tus vivencias y comentarios.

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