La definición de poder

Las 4 claves de la definición de poder

La definición de poder popular es errónea. El poder no es un recurso. No existen los diferentes tipos de poder. El poder no se da ni se quita, pero sí se gana o se pierde. Entender bien qué es el poder es el primer paso para alcanzarlo, utilizarlo bien y protegerlo para conservarlo.

Ya hemos visto en este mismo sitio los fundamentos teóricos del poder interpersonal, y hemos visto que su naturaleza es muy volátil y dependiente de numerosos factores. Aquí vamos a incidir en las cuatro claves de la definición de poder que todos conocemos a nivel intuitivo, pero que es necesario hacer explícitas.

No existen los tipos de poder. El poder es un fenómeno social universal que se manifiesta en diferentes escenarios y contextos. Hablar de tipos de poder es una falacia muy común.

El poder es el resultado de haber tomado las decisiones correctas y de haber aplicado de forma óptima nuestros recursos, mejores o peores, pero nuestros, al fin y al cabo. Es el resultado de haber hecho bien las cosas para manejar la forma en que dependemos de los demás y, a su vez, el modo en que los demás dependen de nosotros.

Poder y poder interpersonal significan lo mismo, porque el poder se desarrolla entre personas y son las personas las que gestionan entre ellas el modo en que dependen unas de otras.

Por ello, encontramos en esta definición de poder cuatro claves sobre las que deben apuntar nuestras estrategias en nuestro afán por empoderarnos. Las claves son:

  • El hecho de que todo es una consecuencia de cómo hagamos las cosas, el resultado de un proceso.
  • También de que nuestro poder logrado depende de qué recursos apliquemos y cómo.
  • Al mismo tiempo, todo es el resultado de una buena gestión, llámese estrategia.
  • Por último, todo depende de cuáles sean nuestras dependencias hacia los otros y, lo que es más importante, cómo las percibimos.

De ello se desprende nuestra definición de poder según la teoría de la dinámica y estrategia interpersonal: el poder es la consecuencia de la aplicación de recursos para gestionar las dependencias percibidas. Veámoslo con detenimiento.

La definición de poder como una consecuencia

El poder, y más concretamente el poder interpersonal, es el resultado de haber realizado una serie de buenos movimientos con los recursos que tenemos en cada momento.

De nada sirve que pongan a nuestra disposición grandes recursos si no somos capaces de gestionarlos. No nos servirá de nada que nos coloquen en un rango alto del organigrama si no podemos manejar esa posición con diligencia.

En definitiva, como el poder surge por contacto con los otros, dependemos de los otros para obtener nuestro poder porque sin los otros no somos nada. Pero ello siempre será el resultado de un proceso relacional. El poder no es una cosa, un patrimonio o un estatus. El poder es el resultado de cómo me he desenvuelto entre los otros con los recursos, personales y materiales, de los que disponía para hacerlo.

Los recursos del poder

Es un error común considerar el poder como un recurso más. “Él tiene el poder”, “Le ha sido otorgado un gran poder”. Eso, que intuitivamente es lo que todos pensamos, es erróneo. El poder no es un recurso, es el resultado de manejar bien los recursos.

Si una persona tiene muchos recursos, entonces está en una muy buena posición siempre respecto a otra que tiene menos recursos. Esto es así porque, como hemos visto en las dimensiones de los recursos, su valor siempre es ordinal respecto a otro. Es decir, que siempre es relativo. Uno es poderoso respecto a alguien, y lo es tanto como menos poderoso es el otro.

Una buena disposición de buenos recursos concede una posición privilegiada para lograr un estatus de poder. Pero ello no garantiza nada, porque todavía queda por considerar el modo en que la persona depende, y percibe que depende, de los demás. Al mismo tiempo, todo es consecuencia de la forma en que gestione sus recursos.

Piénsese en las herencias dilapidadas, en los altos cargos directivos de mes y medio, en los fracasos judiciales con la ley de nuestro lado. Piénsese en la enorme inteligencia, fuerza, belleza, o la cualidad personal que se prefiera, no aprovechadas por no saber sacarles partido.

La gestión del poder

Una buena disposición de recursos de alta calidad simplifica en determinados casos la gestión de cualquier situación. No obstante, cuando nos enfrentamos a una persona con peores recursos que los nuestros, pero con gran habilidad para manejar lo poco que tiene, el resultado puede ser que nos termine poniendo en graves aprietos. Realmente, tan importante es lo que tienes como la habilidad con la que lo manejas.

También, una gran disposición de recursos puede llevarnos a la inercia y a pensar que todo está resuelto, con lo que es precisamente la gran cantidad de recursos la que nos lleva directos al fracaso por un exceso de confianza.

Una buena gestión de recursos pobres puede paliar la baja calidad o la escasez de lo que se tiene. Con ello, el poder va y viene como consecuencia de la habilidad de quien lo maneja, siempre en relación a los demás. Recordémoslo, el poder es un hecho social, siempre lo es en relación a los demás.

Esto revela la importancia que tienen los recursos personales y no solo los materiales.

La percepción del grado en que dependo de los demás

También en relación a los demás lo somos y lo tenemos todo, por lo tanto, la percepción que tengamos de esas dependencias es clave en nuestra habilidad como poderosos. No tanto a veces por cómo dependemos de otros, sino por el modo en que los otros dependen de nosotros y no lo saben ver.

En este mismo sitio hemos visto que la naturaleza de la relación nos lleva a situaciones en las que dependemos de los demás en un ámbito, pero en otros ámbitos dependen esos mismos de nosotros, lo que lleva a un interesante juego estratégico de suma y resta de dependencias.

La dependencia siempre es percibida, por lo tanto, si no percibimos bien la realidad, tendremos una visión alterada del estado de las cosas, y eso siempre es malo. Podemos sobreestimar al otro o subestimarlo. Sea como sea, en tal caso actuamos en terrenos mal definidos, y eso nos impide emplear bien nuestros recursos.

En otro lugar hemos profundizado mucho en este punto tan importante bajo el concepto de simetría y reciprocidad de la relación, por lo tanto no vamos a entrar más en detalles.

Conclusiones en relación a la definición de poder

El poder no es una cosa. No tiene entidad. Ni se da ni se quita. No hay tipos de poder, como se lee por ahí, sino contextos de expresión del poder.

El poder es un hecho social. Sin sociedad no hay poder porque el poder es la resultante de una relación. Es la forma en que se manifiesta la asimetría en la relación, luego no se es poderoso a priori, sino como consecuencia del modo en que manejamos las 4 claves de la definición de poder.

¿Estás de acuerdo? Espero tus comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
A %d blogueros les gusta esto: