Relaciones libres

Las 5 cualidades de las relaciones libres

Las relaciones libres son aquellas que se establecen de forma original por propia elección con un fin claro. El motivo de establecerlas es obtener un producto que puede ser más o menos único y exclusivo para esa relación.

De forma paralela este tipo de relaciones llevan emparejadas otras circunstanciales. Son relaciones circunstanciales todas aquellas que vienen añadidas a la libre que les dio origen. Por ejemplo, cuando una persona contrae matrimonio en una relación libre con otra persona, de forma inevitable establece relaciones circunstanciales con todos los parientes del otro miembro de la pareja. Otro ejemplo que todos tenemos claro es el hecho de que cuando alguien establece una relación libre con una organización que le ofrece un puesto de trabajo, al mismo tiempo, se vincula en una relación circunstancial con sus compañeros de trabajo. A estos compañeros en ningún momento se les elige. Además, el insoportable peso que suponen puede hacer terminar con la propia relación libre original.

Vemos que nuestro mundo social está conformado por unas pocas relaciones libres sobre las que giran muchas relaciones circunstanciales. De hecho, las relaciones circunstanciales son la inmensa mayoría de nuestras relaciones. Por suerte o por fortuna, cada cual puede acabar vinculado con personas positivas o, por el contrario, con otras personas más o menos tóxicas con una clara influencia negativa.

En cualquier caso, las relaciones libres tienen seis aspectos claramente diferenciadores que tenemos que tener en cuenta de cara a protegerlas, valorarlas, romperlas, modificarlas o cuantas cosas decidamos hacer con ellas.

 

Son más o menos apetecibles.

 

Muchas veces este tipo de relaciones, aunque sean libres, no apetecen en absoluto. Es el caso de quien elige entre dos opciones laborales igual de malas, el que elige a quien le va a operar, el que elige su centro de examen para determinada prueba, etc. Por lo tanto, vemos que podemos elegir esas relaciones, en tanto que son libres, pero en un contexto forzado que no nos gusta ni nos motiva para nada en un sentido creativo y positivo.

 

Pueden ser más o menos necesarias.

 

En el ejemplo anterior hemos visto ejemplos de relaciones libres que se establecen en un contexto forzado, pero esto no siempre tiene por qué ser así. Podemos establecer relaciones libres por puro placer de conocer gente nueva o de integrarnos en actividades que nos atraen, como puede ser el plan que ofrece un grupo de senderistas o una banda musical. Aunque necesitemos conocer gente nueva, esta necesidad no es comparable a la necesidad forzada de tener que elegir el lugar para presentar una denuncia.

 

Pueden ser más o menos iniciables.

 

Por muy apetecibles que sean las relaciones pueden quedar totalmente fuera de nuestro alcance. Si no tenemos acceso a determinadas personas, probablemente no podremos llegar a otras mucho menos accesibles. Es imposible establecer amistad con quien queramos, sencillamente porque no podemos llegar a ellos. Esta circunstancia se da de forma asimétrica, porque, por ejemplo, en una organización las instancias inferiores lo tienen complicado para acceder a las superiores, pero el sentido inverso es mucho más accesible.

 

Pueden ser más o menos rompibles.

 

En relación con lo expuesto más arriba sobre lo apetecible de una relación, también nos encontramos con algunas relaciones libres que no se pueden romper fácilmente. Es el caso de los matrimonios separados con hijos. En estos casos, la relación se puede deteriorar extraordinariamente, pero mientras haya hijos por medio nunca se podrá romper del todo, en tanto que por muy deteriorada que esté, siempre estará obligada a mantener contactos y a comunicar.

 

Tienen en su origen un producto que se necesita.

 

Efectivamente, cuando alguien establece libremente una relación con otro, busca el producto que este otro le puede ofrecer, por lo tanto, hay un objeto en la relación: el de satisfacer necesidades, sean estas conscientes o no. Esto las diferencia claramente de las circunstanciales, que no ofrecen ningún producto originariamente buscado.

 

Partiendo de la realidad de que la unidad de análisis mínima en psicología interpersonal es la relación, debemos convertirnos en expertos para detectar las particularidades y la naturaleza de las relaciones. Estos cinco puntos apuntados son el inicio del estudio de las relaciones. No profundizan en absoluto en cómo se distribuyen los roles de poder en la relación, como son las dinámicas de dependencia, cuáles son las opciones estratégicas de las partes, y un sinfín de características únicas y propias de cada relación. Es muy importante tener todos estos factores en cuenta, porque la radiografía de cada relación es única y es muy importante tenerla clara de cara a una intervención estratégica. Para cambiar un entorno en el sentido deseado es preciso conocerlo muy bien. Este aporte es un punto más a tener en cuenta.

 

Crédito de la foto: jane.boyko Flickr a través de Compfight cc

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