Proactivos y reactivos

Personas proactivas y personas reactivas

¿En realidad hay personas de los dos tipos? ¿O todos somos de alguna forma reactivos?

Esta es la cuestión. En realidad, todos somos reactivos, pero existen muchas formas de ser reactivo, y una de ella es siendo proactivo. Veamos por qué.

Las personas reaccionamos al entorno, porque vivimos en él y estamos todos sometidos a su influencia. Cuando hablamos de entorno nos referimos a las cosas que nos rodean y, sobre todo, a las otras personas con las que compartimos el espacio y el tiempo.

En un mundo cambiante debemos adaptarnos continuamente si queremos satisfacer nuestras necesidades. Para poder adaptarnos y reaccionar a las exigencias del entorno debemos actuar. No podemos quedarnos parados. Una forma de actuar es esperar que surjan los problemas para solucionarlos. Otra forma de actuar es prevenir esos mismos problemas para que no nos afecten o, en la medida en que sean inevitables, para que podamos manejarlos mejor.

Estos dos planteamientos vitales son completamente diferentes, pero su fundamento es el mismo: reaccionar al entorno. Entonces, pues, ¿hay alguien genuinamente proactivo?

Reactivos y proactivos

Es un hecho que razonamos por reacción. Las personas hacemos explícitas nuestras ideas por confrontación, es decir, reaccionando cuando las ideas de los demás ponen en riesgo el alcance de nuestras necesidades. De este modo, hacemos manifiesta nuestra forma de pensar y exponemos nuestro parecer hasta el extremo de que es en ese punto cuando tomamos conciencia a cerca del modo en que pensamos, y a cerca de cosas sobre las que nunca habíamos reflexionado.

Pensemos en la historia y en los avances tecnológicos que supuso reaccionar a las premuras de la segunda guerra mundial. La carrera espacial, que era exactamente eso: una carrera, obligó a inventar contrarreloj tecnologías que hemos heredado y aprovechado en nuestro día a día. Así sucede en un sinfín de circunstancias que han obligado a reaccionar para superar una situación exigente o peligrosa.

En cambio, la actitud de las personas proactivas no busca en teoría apagar ningún fuego, sino todo lo contrario: busca prevenirlo. Se podría pensar que eso no tiene nada de reacción, pero es un error.

Cuando alguien adopta una actitud proactiva respecto a algo, en realidad está reaccionando ante una necesidad primordial más importante, tal como la de mantener la seguridad, mantener el estatus y protegerlo, maniobrar estratégicamente a largo plazo para conseguir algo, etc.

Es precisamente ese aspecto oculto e inquietante el que nos mueve a actuar de forma proactiva, y es ese aspecto, por lo tanto, frente al que en realidad reaccionamos.

Por otro lado, no existen las personas proactivas dedicadas a innovar para satisfacer las necesidades de otros. El altruismo no existe. Si alguien se dedica a innovar en ese sentido, tal como sucede con los técnicos de investigación en cualquier campo, sea este científico o comercial, está reaccionando a su necesidad de cubrir sus carencias de ego, de dinero, de posición y estatus, de prestigio, de bienestar ético, etc.

Nadie se pone a innovar para satisfacer una necesidad que no es la suya. En realidad, cuando lo hace, satisface otra necesidad normalmente encubierta que sí es suya.

El reactivo quiere revertir la situación y terminar con su problema. El proactivo quiere evitar el problema. Ambos reaccionan ante el problema, pero con estilos diferentes, luego los dos son reactivos.

Actitudes de las personas proactivas son las que nos lleva a almacenar para cuando no haya, crear planes de contingencia, avisar de peligros, crear contactos para recurrir a ellos si es necesario, tantear situaciones antes de invertir en ellas el tiempo, el dinero o la integridad, etc.

Todos estos ejemplos se refieren a una actividad deliberada y enfocada a conseguir la satisfacción de las propias necesidades, en tanto que el entorno pone en peligro su alcance o conservación. Es por ello que, de un modo u otro, en tanto que reaccionamos al entorno, siempre somos reactivos.

Vemos entonces que deberíamos ser más explícitos y deberíamos referirnos a personas reactivas, que somos todos, y a actitudes proactivas, que no las manifestamos todos.

Esto nos abre otra vía de pensamiento interesante: la actitud proactiva, siempre buena y recomendable, ¿es en determinadas ocasiones un rasgo de inseguridad? Por el contrario, ¿es el reactivo una persona tan segura de si misma que no necesita gastar tiempo y energía en preocuparse por cosas que no han sucedido y probablemente no sucederán?

La actitud proactiva es siempre la mejor y la aconsejable desde un punto de vista pragmático, pero desde un punto de vista psicológico y personal cabe darle unas cuantas vueltas al concepto y a sus implicaciones.

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