Interacción humana. Interacción secundaria

Secretos de la interacción humana. La interacción secundaria

Cuando nos referimos a la interacción humana y, en concreto, a la interacción secundaria, estamos hablando del intercambio de mensajes  que se produce, con o sin intención, entre los miembros que integran la relación. En otro lugar ya vimos la interacción primaria que definíamos como aquella que se produce cuando nos encontramos con otra persona, por el solo hecho de encontrarnos con ella, sin que se emita mensaje alguno. Esa es la diferencia entre los dos conceptos de interacción.

Cuando nos referimos a la interacción secundaria estamos hablando del intercambio de mensajes  que se produce, con o sin intención, entre los miembros que integran la relación.

En la interacción primaria no emitimos mensajes, pero el hecho de encontrarnos con otros nos provoca una reacción que, como ya vimos en el post sobre los secretos de la comunicación y la interacción primaria, condiciona la interacción y sus posibilidades. Por el contrario, la interacción secundaria se centra en el intercambio de mensajes. Es lo que de forma ordinaria se considera como la comunicación, pero que veremos que es mucho más que eso.

¿Por qué hablamos de secretos de la interacción humana?

Hablamos de secretos como forma de expresar todos aquellos factores ocultos que condicionan el intercambio de mensajes. Casi siempre estos factores los tenemos en cuenta de una forma implícita, tan implícita que pasan desapercibidos hasta para nosotros. De todos modos, el hecho de que pasen desapercibidos no quiere decir que de un modo, digamos inconsciente, los dejemos de tener muy en cuenta.

Para convertirnos en expertos comunicadores debemos conocer muy bien todo lo que condiciona, facilita o complica, la interacción entre personas.

¿Cuáles son los factores que influyen en la interacción humana?

MUY IMPORTANTE: todos los factores que vamos a reseñar condicionan nuestra interacción. Siempre. Querámoslo o no. Además, todos los factores son manipulables, por lo que está en nuestra mano alterarlos para mejorar nuestras interacciones. El paso previo para manejarlos es conocerlos. Por eso vamos a hacer un repaso de los más importantes:

Interacción humana, factores de la interacción secundaria

El fin y la estrategia

Todo mensaje tiene una finalidad. Si yo digo que “eres el mejor y solo tú entiendes estas cosas”, realmente te estoy diciendo: “te utilizo como mi mejor recurso para que me soluciones mi problema”. Si te digo que “hace un calor insoportable y así no se puede trabajar” te estoy diciendo que “voy a poner el aire acondicionado pese a que sé que te molesta”.

El fin siempre está presente y no tiene por qué coincidir con el mensaje. Si yo digo “vamos a abandonar, no somos capaces de hacerlo” te estoy diciendo “apelo a tu sentido de la responsabilidad, quiero que lo hagas tú de forma voluntaria, gánate una medalla pero resuélveme mi problema”.

Por lo tanto, en toda interacción secundaria podemos destacar dos factores que aparecerán siempre y que hemos definido como el fin mismo de la interacción, tanto a corto como a medio plazo, así como la estrategia que le da sentido en ese contexto determinado.

Siempre, todo fin se integra en una estrategia más o menos compleja. Eso quiere decir que todo cuanto comunicamos está alineado con una finalidad más o menos interpretable a partir de los datos que damos, o que nos dan, con nuestra conducta y con nuestros intereses.

Esos fines pueden consistir en pautas sociales elementales, tales como actos de habla para cubrir un papel socialmente esperable (agradecer, reconocer, corresponder, etc.), o pueden ser el reflejo de estrategias complicadas para lograr cubrir nuestras necesidades o, simplemente, defender nuestro estatus.

Huella emocional

Con esta expresión tan gráfica describimos el modo en que todo quedó en el pasado, en interacciones en las que dejamos un rastro positivo o negativo. De esta huella, interpretable y reconocible siempre por nuestro sistema cognitivo más irracional, dependerá la interacción presente. Cuando hablamos de sistema cognitivo irracional nos referimos a lo que sucede cuando solo por el hecho de ver a alguien se nos revuelve el estómago, o nos excitamos, o escapamos, etc. Esas reacciones no tienen nada de racionales. De hecho, se procesan cerebralmente en áreas límbicas, muy alejadas a lo que entendemos por un comportamiento racional.

Los niveles de conocimiento

Con esta expresión, vista ampliamente en este mismo sitio en el post sobre los elementos ocultos de la comunicación humana, definimos los datos de conocimiento distribuidos en cuatro niveles:

Lo que sé.

Lo que sé que sabes.

Lo que sé que sabes que sé.

Lo que sé que sabes que sé que sabes.

Como vimos, estas deducciones se hacen de forma instantánea, en tiempo real, de modo intuitivo, rápidamente y sin percatarnos de ello. Como vimos con ejemplos en el post referido, cuanto más nivel de conocimiento tengamos, más limitadas serán nuestras posibilidades y opciones de movimientos estratégicos en la interacción.

Por lo tanto, un mayor nivel de conocimiento nos facilita las cosas en tanto que podemos adaptar mejor nuestras estrategias interpersonales, pero, al mismo tiempo, nos limita el margen de maniobra de lo que podemos hacer.

El modelo de necesidades e intenciones del otro

Somos constructores de hipótesis y reconocedores de patrones. Nuestra mente funciona así y esa es su naturaleza nos guste o no. Nuestro éxito dependerá de lo buenos que seamos construyendo la hipótesis de las intenciones del otro, así como de sus necesidades. Si deducimos mal estas cosas, entonces nos engañamos y trabajamos sobre realidades erróneas. Si, por el contrario, somos buenos construyendo el modelo mental del otro, entonces seremos muy buenos en nuestras interacciones interpersonales.

Cuando no entendemos por qué el otro hace lo que hace, o dice lo que dice, es que algo grave falla en nuestra forma de crear el modelo de necesidades del otro. No hemos sabido construir un buen modelo y algo se nos escapa. La culpa no es del otro, sino nuestra, y su conducta no es extraña, sino inexplicable a partir de nuestras presuposiciones.

Un buen persuasor, consejero, comercial o coach es un buen constructor de modelos e intenciones del otro. Ese es su secreto.

Podemos concluir que siempre hacemos predicciones y valoraciones sobre la interacción, pero, y esto es muy importante: no existe ningún sistema que informe sobre la fiabilidad y validez de nuestros modelos a cerca del estado de la interacción. Por lo tanto, es evidente que estamos inmersos siempre en la subjetividad de nuestras propias habilidades sociales y opiniones. Somos en esencia subjetividad.

La imposición de la definición y la clave

En otro post de este mismo sitio en el que nos referíamos a los niveles de interacción social, hemos hablado de la importancia de la definición y la clave. Vimos que la definición es la forma en que las partes asignan los roles en la interacción. Así una persona decide que en la interacción uno habla y el otro aprende, o uno amenaza y los otros ríen, o uno manda y los otros se someten. La comunicación queda definida con una personalidad propia en la que cada cual tiene asignado un papel diferente.

En cuanto a la clave, vimos que los mismos mensajes se pueden comunicar en clave de humor, de mensaje magistral, de mensaje anecdótico, de mensaje de advertencia. De la clave va a depender que el mensaje sea atendido y aceptado. La clave es el disfraz de los mensajes. No es lo mismo decir “estoy muy nervioso” en clave de humor que en clave depresiva, o en clave de amenaza. El mensaje es el mismo, el sentido cambia según el disfraz de su clave.

Las personas que abusan mucho de una clave se encasillan en un personaje y definen muy bien su rol, pero cuando intentan salir de él les resulta muy complicado. Es el caso del continuo gracioso payaso, que cuando se pone serio no es muy tenido en cuenta. Es también el caso del victimista, al que todos huyen, y que cuando intenta dar una imagen de optimismo todos esperan el “si, pero”.

Las triple comunicación

Vimos en otro post sobre las tres formas de comunicación que no solo nos comunicamos con símbolos. Las palabras, habladas o escritas, así como todos los sistemas convencionales de símbolos se complementan con la comunicación no verbal. Esta forma de comunicación en el ser humano es muy rica y complementaria, hasta el punto de que si lo que se dice no cuadra con lo que se manifiesta de forma no verbal se incurre en uno de los típicos errores de la comunicación.

En el contexto de la interacción humana, a las comunicaciones simbólicas y no verbales debemos añadir la tercera vía: los hechos. Si te visito el día después de tu operación te doy a entender que eres importante para mí, pero si no voy, te mando el mensaje de que tengo mejores cosas que hacer que pensar en ti.

Mis gestos tales como felicitaciones, favores, atenciones, desprecios, traiciones y otros actos, son mensajes claros con los que te comunico mis intenciones y qué espero de ti. De todos modos, al final lo importante es siempre cómo interpretas tú mis actos, lo cual no es ni bueno ni malo, porque el mundo de los hechos es demasiado interpretable para bien y para mal.

La empatía

El gran recurso personal, importantísimo por su naturaleza basada en la misma inteligencia emocional, es uno de los elementos más influyentes en la interacción humana.

Con la empatía conectamos con el otro y aprendemos a influirle de una forma efectiva y silenciosa. Una forma de empatizar, a parte de conectar con los sentimientos de los demás, es la sincronización efectiva con su ritmo, con sus registros léxicos (culto, vulgar) , con el estilo de argumentos (chabacanos, eruditos, cursis…, etc.), con la trascendencia de lo expuesto, y con un sinfín de elementos que nos conectan a lo que hace o transmite el otro. Elementos todos ellos entrenables, por otra parte.

En otro orden de cosas, una empatía excesiva nos lastra y nos limita el margen de acción con otras personas con las que es mejor crear distancia dependiendo del contexto.

Los terceros presentes

Las personas presentes modulan y condicionan totalmente la interacción. Incluso, de una forma totalmente estratégica, podemos comunicar con una persona con el solo objeto de influir en un tercero presente. Imaginemos a quien interacciona con alguien para dar celos a otro, o quien manifiesta su agresividad con alguien para impresionar y asustar a otra persona que observa.

Los terceros nos dan también un respaldo moral que nos permite enfrentarnos a alguien con una sensación de seguridad. También los terceros obran en sentido contrario y nos cohíben y nos intimidan. Pensemos en el estudiante en prácticas que delante de su sabio profesor lo hace todo mal porque se siente observado al interactuar con alguien. En el primer caso, pensemos en alguien que se atreve a decir lo que piensa a otro al sentirse respaldado por un tercero que, aunque no hace nada ni dice nada, está presente y de un apoyo moral necesario y suficiente.

Conclusiones 

Cualquier mensaje se inserta siempre en el contexto de la interacción humana.

Los factores que modulan la interacción afectan de forma dramática a los mensajes que se pueden emitir, así como al modo de hacerlo.

Conocer estas cosas es imprescindible si queremos dominar la comunicación a nivel de experto con los fines que sea.

Resulta francamente impresionante lo compleja que es la interacción humana, así como el modo tan simplista que tenemos de representarla. Es importante tomar conciencia de ello.


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